domingo, 21 de junio de 2009


Desde la atalaya de los años intento descubrir la serenidad. Pretendo no renunciar a la calma, lo que supone unificar los sentimientos y anclar el barco más cerca aun de los acantilados. Las señales de humo me llegan difuminadas desde la costa, los faros en luz continua. Es de noche y llueve. Sigo decidido la estela de un pez espada en dirección a las rocas. El limbo de mi sextante marca lo inaccesible en una escala de dudas. Aparecen fugaces astros en el espejo interior y alguno, desde la altura, está empeñado en dirigir mi nave hacia las islas. Pretendo naufragar al mediodía.
La profundidad no es más que altura inversa, sin horizonte. El agua define lo ingrávido, el momento álgido de la duda. Dios nunca se acuerda de volver, está dormido. Le asusta el mar, armado de astrolabio navega a la deriva en busca de las rutas que conducen al hombre y su delirio. Altura inversa, marea y noche.
El reflejo del rostro no evita el sentimiento de rutina amordazada. Naufragio previsible en pocas horas, cuenta atrás, mano en el pecho. Se me enreda entre los dedos la rama de olivo, y la paloma excusa su presencia. Oleaje en forma de poema. Amanece tan deprisa que la ausencia se hace más patente. Siento la herida a borbotones, recupero la calma y me sumerjo a duras penas. Altura inversa. Un pez me roza el muslo. Sigue lloviendo.

sábado, 20 de junio de 2009


El laberinto que descubro no es producto de la razón. Rostros anónimos de transeúntes en tránsito salpicando la ciudad, tapizando las aceras, observando los desagües que conducen, sin duda, a la cloaca inferior del paraíso. De sus miradas extraigo el condimento necesario, el néctar que degusto en el anonimato de una alcoba iluminada, preludio del éxtasis, del orgasmo inaccesible, último peldaño en el devenir que intuyo desde los pies descalzos. Me encuentro en transición conmigo mismo.

Al abrir la puerta los sonidos se alargan. Son voces conquistadas, esclavas de la tiranía que siempre conduce al holocausto. Voces llamando, agudas, perdonando, graves. Pero que, con la brisa, se difuminan para callar. Más lejos, donde los girasoles se apresuran, el silencio reivindica su anatomía con la consciencia propia de quien recrea la vida en laboratorios altos, de paredes eternas con formas de mujer en las esquinas.

Mi tránsito se detiene a recordar. Dibujo mariposas y respiro. El aire es, de repente, una cuartilla inmensa, papel en blanco y negro, con trazos que describen el círculo perfecto que rodea mi mesa de escritorio. Debajo del papel no queda nada. Debajo de los ojos un espacio que concretar, un deseo fugaz de atenazar lo que no ha de contarse.

Te sorprendo en desventaja y busco la salida. El laberinto calla, los transeúntes huyen. Me queda la distancia y el silencio, inevitables formas de destapar secretos.

jueves, 18 de junio de 2009

Dependo de la luz,
me esmero en rubricar las obras
con la insana intención de quien no quiere.
Espero
sin recelo,
con angustia
el giro voluntario del cosmos
en esta realidad virtual,
en la ingrávida experiencia que satura
la necesidad.
Hubo un hombre que supo que dormía,
una mente lúcida en stand by
mucho después,
o poco antes,
de que tuvieran ríos los molinos.

martes, 16 de junio de 2009


Hoy he permitido al corazón despejar la incógnita de su silencio. Lo he pasado al salón. Sentado en la silla blanca, la espalda recta, las manos en las rodillas y la mirada atenta al movimiento de las ramas fuera, a través de la ventana, el corazón esbozó una sonrisa que entendí de gratitud. Los corazones que sonríen se parecen mucho a las golondrinas recuperando la serenidad del vuelo bajo de los aleros. Son informaciones del devenir y metas perseguibles.
Desde el silencio mi corazón extrajo el bloc de notas, el mismo que, escondido en el bolsillo, mantiene intactas las ideas, las caricias y la resistencia a la tormenta entre los bosques. Me habló, y los relojes apresuraron el paso con cautela. En las esferas el tiempo es, si cabe, más relativo aun. Detrás de cada palabra una pausa, detrás de cada pausa una palabra con la que rendirse. Después de cada rendición el inicio inexorable de la trashumancia, cruzando ríos con flores en la orilla, subiendo cerros horadados por la luz, reposando en valles de fertilidad creciente, sumidos en el sopor de un desespero si la mañana tarda.
La incógnita habita en las hombreras de mi chaqueta verde. Ha venido sola, tan despacio que apenas pude presentir su estela. Y el corazón la mira como quien prefiere la suavidad del aire. El silencio me recorre como es, callado. Y el corazón pregunta. Me ha pasado al salón. Sentado en la silla blanca, la espalda recta, las manos en las rodillas y la mirada atenta al movimiento de las ramas fuera, a través de la ventana, esbozo una sonrisa que debe ser, supongo, de gratitud inmensa.

lunes, 15 de junio de 2009


En los Tinajones se quedaron sus recueros debajo de una falda larga, frente a unos ojos negros, pegados a la sonrisa de la mujer cubana, presentes en la distancia que acomoda las tristezas y las devuelve con el oleaje al punto de partida.
Y el punto de partida no es el mismo en cada idea. Ir, venir, volver y regreso confundiendo a las brújulas y, con ellas, a los ojos. Mirándole de frente tal vez era la ausencia, el vacío, la pérdida, el peso de su cuerpo pequeño aunque robusto.
El punto de partida empezó por ser un prado verde junto al arrollo, la lluvia menuda, la niebla. Se trasladó en barco a lo lejano para establecer los lazos de una soledad sin manos, ocupadas como estaban en la zafra y en sujetarse a si mismas. El punto de partida, a menudo se convierte en destino cuando ya no quedan salidas y cuando los deseos chocan con una realidad extraña.
De sus puntos de partida me queda esta pérdida momentánea de presente que se adueña de mi voluntad tan a menudo. De su silencio conservo el mío, capaz de no romperse en las tormentas. De su distancia un signo de admiración después de una mirada.
La reinvención del pasado como escudo protector ha permitido modificar los sentimientos. El individuo arisco, sentado al sol junto a la iglesia, precedido de la tenue sintonía de un informativo partidista, da paso a una proyección de hombre sobre hombre que se confunden. Él, sin saberlo, ha reconstruido las ruinas de un no ser angustioso que va tornándose verde pastel.

sábado, 13 de junio de 2009


Él supo que era imprescindible:
Reinventar lo vivido,
condescender,
superponer ilusiones y transigir.
La noche se convierte,
de pronto,
en negación de la ausencia.
Ausencia de si mismo.
Ausencia de luz en las farolas.
Aun nos queda tiempo.
De niño sucumbió a la calma de un río
tras recuperar la memoria.
Cuando la fragilidad cesa
aparecen remolinos turbios
con juegos imposibles.
Los juegos de la especie en semifusa
que saben a cereza,
que parten de un suspiro y se nos pierden
donde las flores velan.
Los juegos derivados de la duda,
prendidos de las ramas,
pretextos simplemente,
razón ineludible de la historia
que roza la mejilla.

jueves, 11 de junio de 2009


Hubo un tiempo que hemos olvidado en los rincones. Agrandamos las esquinas, cubrimos sus rostros con sábanas blancas y partimos en busca de acorazados para la idea. Quisimos alguna vez resucitar pero los escalofríos descubrían la debilidad.
En el pasado prendieron las raíces de alguna sinrazón. Éramos tan torpes que no supimos navegar hasta el océano. Ellos resistieron el olvido y la ferocidad. El canibalismo como arma, la oscuridad con pañuelo rojo en el bolsillo y flor en la solapa, la mínima ración diaria de claridad, laberintos, el poder que atrofia las cuerdas vocales de la insurrección... Demasiado cansancio para no seguir.
En tierra de nadie se debate si la muerte es muerte o tránsito a la vida. Se justifica acaso la muerte con el tránsito. De pronto se agradece al asesino cumplir con su función o se hacen llamadas colectivas al suicidio. El futuro como meta implica un presente baladí al que se aferran los doctores de la doctrina, representantes en tierra de la eternidad, embajadores del Dios generoso y vengativo.
El futuro como meta no es más que la justificación del presente doloroso, el escudo al que las manos ávidas de poder recurren para fundamentar la muerte en el presente.