lunes, 19 de octubre de 2009

Desde tu partida no he sabido escribirte

No he querido dolerme con tu recuerdo

Del carbón a la plata y de ahí a la nieve
(Trocado el carbón en plata y luego en nieve)

Te has colocado en las antipodas de tu correcto paisaje


El puño levantado cayendo sobre el barro

¿Por qué si ha amanecido no he vuelto a recordarte?

El arbol viejo que tiene el corazón en suspense

domingo, 18 de octubre de 2009

Llora si así consigues que mis ojos no se aparten de tus lágrimas,
si con ello provocas la emoción temblando entre los dedos,
si llegas a las nubes y desde allí
en un reflejo transparente
vuelves a la tierra, a poseer el encanto de las mariposas.
Llora porque habrá un rincón donde te espere
para llorar contigo la sin razón del llanto
para volver despacio
a la caricia,
hacia el abrazo
al beso
y a la nostalgia:
solo necesito un pretexto
para el desenfreno.
estoy aquí
me voy allí, donde estas,
donde hay primavera y flores grandes,
donde cantan pájaros,
donde la locura se mezcla con el placer,
donde tu rostro risueño me atrae,
donde quiero verte a contraluz,
donde caen hojas sobre tu pelo y se convierten de pronto
en suaves maravillas
bajando por tu cuello,
rodeando tus senos,
descubriendo tu cintura y bajando por tu pubis al frescor de los tobillos.
Iré allí y estaré quieto
viéndote pasar,
sintiendo que te encuentro en el laberinto verde
donde me he perdido antaño,
donde quiero que descubras
la verdadera duda
que mi cabeza esconde.
Allí, donde sentiste
el deseo feroz de aniquilarme
para llevarme siempre
sujeto a tu cintura,
allí donde si puedo descansaré del día
con el tacto suave de tu piel en mi boca
allí me iré si quieres
y cuando vuelvas saldré gritando
a verte
subir por la escalera,
entrar por la ventana,
mirarme muy despacio
y acariciarte el pelo.
Me gusta tu sonrisa
estoy loco
de atar.
Átame si quieres con tus brazos
así seré el esclavo
de lo que tu mas quieras,
de lo que yo ya quise
y nunca me ha sobrado.
Voy a seducir a quien me mira:
la mujer,
la luz,
ese placer prohibido que casi desespera.
Voy a aparecer con el sigilo
de las noches tranquilas,
voy a seducirla toda
porque merece
de la belleza
todolo que darle pueda
voy a verla llegar con un suspiro tal
que de los dioses merecería ser doncella.
Voy a llevarla lejos, para ser suyo apenas un instante
y si se deja,
la besaré en los labios
muy despacio
para que parezca solo
una mentira.
Se hizo el silencio y esperan todos.

sábado, 17 de octubre de 2009

La sensación a veces me remite a la ausencia
y la ausencia al miedo
y el miedo a la nada
de la oscuridad vacía.
La noche y la tormenta
como pretextos de vida
para saberse heridos
de un arma invisible.
Sentencias que caen sobre el pecho blando
de quien apenas sabe
ni siquiera pretende.
Aire viciado, manos heladas
que cuando se agarran fuerte
se alejan del cuerpo.
Ansias de una alba con pompas de jabón
que en el recodo verde
de aquel camino eterno
quedaron recluidas para la eternidad.
Y el hombre supo que los corazones mienten
cuando acercó la boca y el agua no manaba.
El hombre es laberinto de su razón escasa
es cascada viciada de un río sin tormentas
y sabe que no tiene mas tiempo desde ahora
para sentir que corren vientos en su norte.
Se desahoga siempre en su delirio
y vuelve a retener el hálito que exhala
para que ya nadie sepa
siquiera en un segundo
que hay pieles que se rompen,
miradas apagadas
y un hondo suspiro en la penumbra
camino de su casa.
El mundo a veces es pequeño, otras inmenso,
de lo sublime a lo caótico,
de lo sutil a lo burdo:
la eterna dualidad para la vida y la muerte.
Mejor el silencio para conseguir la calma.
A veces pasa.

jueves, 15 de octubre de 2009

De la soledad

Si la razón me dice el momento de la aventura, la sin razón me vuelca en ella. Y quedo así sumido en la más profunda de las dudas. En el sí o el acaso. Una forma de estar perdido dentro de la apariencia de fuerte y vital.
Las soledades son, a veces, una forma de ser. También necesidad. Incluso pretextos para vivir. Las soledades son lo que queda después de que la sin razón me lleve a la duda. En ellas olvido mi dialéctica y escondo mi sonrisa cuando no se si seguir o regresar. En las soledades, las que quedan después de que desvelas el misterio.
Tengo en la soledad, a la vez, el enemigo y el amigo más incondicionales. Me hace naufragar para luego rescatarme y pretende de mi lo que yo no sé si puedo. En la soledad me escondo cuando tengo que llorar, porque también los fuertes lloran y sienten placer, y euforia que contagian a quienes le escuchan.
En mi soledad hay agujeros negros capaces de devorarme entero, pantanos profundos y selvas intransitables como avenidas rotas de ciudades monstruo. Hay cacerías y órganos vitales afectados. Deseos interrumpidos por lo que ya no queda. Es mi soledad y con ella avanzo hacia donde creo poder rescatar el paraíso que sin duda existe.
De la soledad salen los criterios que perduran y los contenidos amorosos con los que disfrazar la dicha. De ella aprenden los transeúntes a prever el futuro y despejar el presente. Con ella se acuestan los creadores, ejecutivos y curas, prostitutas y conserjes, ministros y viandantes.
Mientras permanezco aquí: perdida la mirada y el corazón muy lento. Esperando. Sintiéndome ausente del contexto. Sintiendo que me faltan las comillas que me aparten de la idea inicial. Permanezco alerta, con la inseguridad de los que ya no saben cual es su función en la cadena.
Una historia de amor es solo un verso. Si lo escribes corres el riesgo de perder la historia. Por eso yo quisiera prolongarlo tanto en el tiempo que fuera eterno. Disfrutarlo hasta el fin. Sentir que no se acaba y cada palabra es otra caricia. Un verso incapaz de dormirse, indestructible, casi animal. Y así, una historia nada fugaz; un deseo reprimido de mantenerse a flote y saberse correspondido.
Pero siempre surge la duda. Aquella a quien los filósofos atribuían el poder real. De la duda sale el conocimiento. Dudar para saber. Pero en mi la duda no es sino la mas infame forma de indecisión. La duda me trastorna y me atenaza. Me siento, con ella, como individuo desencajado en camisa de fuerza, con frío. La duda me tambalea y caigo como las hojas de otoño. La duda es la sentencia de un silencio aterrador.
Y después de la duda siento un vacío. Se me rompe el cuerpo y las palabras, entrecruzadas en mi garganta, ahogan el deseo de decir y ya no puedo ni seducir ni ser poeta. Me lleva a laberintos de los que no se salir y me coloca en medio de un desierto sin sol.
De mi locura queda entonces solo el deseo de no llorar y la agonía lenta de quien esta perdido.

martes, 13 de octubre de 2009

De regreso a los sueños corro el riesgo de no entenderlos. Hay noches ensimismadas con la idea de desestabilizar las corazonadas. Imágenes alborotadas con el fin único de diseminar las ideas que van configurándose como una pared alta en construcción. Son noches que, en contra de la seguridad y la creencia, repercuten de forma directa en el día, y ocasiona vientos y algunas lluvias que nadie más aprecia. Es imperdonable la inestabilidad en la cubierta.
El lugar, como siempre era extraño. Catres alineados pegados a la pared, debajo de la escalera. Rostros detenidos. Falta de sonidos. La razón no asimila las condiciones ni sabe muy bien de donde procede el desasosiego. Parece que todo es aceptable por la condición misma. La comprensión como excusa del comportamiento.
Reconozco que las imágenes no solo me impactan en la noche sino que además se apoderan de una parte de mí escondida en el cajón de la cómoda aunque sé de antemano que sucumbirán, que no tienen futuro. Tal vez son simplemente las frutas y manjares que decoran los manteles sobre los que reescribir historias.

martes, 6 de octubre de 2009


De regreso encuentro el espacio oscilando entre la desnudez y la falta de luz. Esquinas verticales viciando el aire que ha de sucumbir a la presión de los dedos mientras los ojos recorren la última división de la distancia. Pasos cortos avanzando hacia el vértice insalvable. Las manos extendidas. La oscuridad en frente. Soy hombre con sombrero y despierto de lo insaciable en mi regreso a lo visible. Debería pretender no estar tan lejos, ser más preciso, saber que el mundo no es ya una esfera sino la cumulación de trazos multidireccionales imposibles de seguir. Aquel azul que lleva a la hipérbole de la risa se cruza sin reparo con el rojo, más dilatado, más personal, menos exacto, con intención inequívoca y apresurada de pretender el frescor de un río en sombra. Tal vez entonces piense que hombre y trazo son sinónimos y complementarios, rutinas de un mismo universo en cambio, deseos de estabilidad en el maremoto que provocan las mentes frente al misterioso mar de la existencia.
Dios no siente la necesidad de ser perfecto, el hombre la ha dotado de inmunidad y él se manifiesta omnipotente. Pero el hombre ha decidido interrumpir el flujo de corriente y la máquina divina se acerca al pánico. Una línea interrumpida que no conforma ya la esfera.
El espacio oscilando y en el péndulo el deseo de redescubrir lo que me acosa. La necesaria suma de deseos y el rumbo marcado en pergaminos grises, sobre un fondo de mar con algas que incita al naufragio de las flores.

domingo, 4 de octubre de 2009

Ellipsis

En el interior de la ellipsis no quedan partículas de aire a las que asirse. La constante no es vital, es reflejo del giro desesperado de los ojos que oscilan entre los focos dibujando señales de alerta en fases cortas. En plano, como un océano sin olas y dos barcos incubando estelas circulares que al alejarse regresan a la costa quieta y al sonido interpuesto.
En la ellipsis no hay espacios por llenar, ni volúmenes, ni las mentes corren riesgo de rondar el desequilibrio y la sobredosis. Solo superficie sobre la que dibujar lo inesperado, en la que construir senderos de ida y vuelta indispensables para no perderse en la incandescencia fugaz de una luna llena que se esconde al paso de las nubes.
En la ellipsis se incrementa el riesgo de nudo en la garganta y aparecen dudas sobre las que debo decidir sin estar seguro de la necesidad que intenta sentarse en mi ventana, la visión en niebla de mi desnudez a solas.